Fantasía provocadora, de Rubén Espino

20/01/2017 19:20

 

NOTA PREVIA A LOS COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS DEL TALLER LITERARIO

Espero que, bajo ningún concepto, a nadie se le ocurra hacerme la faena de estirar la pata por causas naturales o de otra índole durante los próximos meses, incluso años. Independientemente del mayor o menor afecto que os haya podido tomar durante este mes escaso que llevamos de taller, no quisiera encontrarme un día de estos a dos agentes de la ley en la puerta de mi casa, con esta propuesta de trabajo en la mano.

 

¿QUÉ PASARÍA SI una o un participante de un taller de escritura creativa fuera una persona mentalmente enferma, que pretende alcanzar la gloria y el estrellato literario consumando el asesinato de sus compañeros y compañeras de taller, haciendo así realidad la supuesta ficción de uno de sus relatos?

 

FANTASÍA PROVOCADORA

Aquel correo electrónico que Elena, nuestra coordinadora de taller, nos envió el lunes 25 de febrero de 2013 afectó profundamente a todos y todas las integrantes del grupo, marcando el devenir de las semanas y meses siguientes, e incluso del resto de nuestras vidas.

 

<<  Hola a todas y todos,

No sé bien ni cómo ni por donde comenzar. Tengo malas noticias que daros, las peores.

Nuestro compañero Ángel sufrió la pasada semana un grave accidente de tráfico y no pudieron salvarle la vida. Su coche fue arrollado por un tren en un paso a nivel. La noticia me cogió revisando su última propuesta de trabajo. El funeral fue muy restringido por expreso deseo de la familia, siento que no pudiérais despediros de él. Por si esto fuera poco, nuestra compañera Ana sufrió este fin de semana un infarto mientras corría de mañana por el parque, y se encuentra ingresada en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander, con pronóstico muy grave. Acabo de hablar con su hermana por teléfono, estaba destrozada.

Supongo que llevaríais días preguntándoos el porqué de que aún no os hubiera enviado la coordinación de la primera quincena de este mes de febrero. El pasado viernes día 8, unos vecinos encontraron el cuerpo sin vida de Yolanda, nuestra pequeña del grupo. La policía confirmó que había caído desde una altura de 15 metros, desde la terraza de su domicilio. Por respeto a la familia y hasta que la policía aclarase lo sucedido no quisimos deciros nada al respecto, pero yo no me sentí con fuerzas para seguir trabajando con normalidad.

No hace falta que os diga que la situación se sale de cualquier parámetro razonable, que en tres semanas han fallecido tres de los componentes de un mismo grupo de trabajo, y que la policía está haciendo preguntas porque las circunstancias de las muertes parece que no acaban de estar del todo claras. Fue nuestra Directora la que puso a la policía al tanto de la situación, y nos han dicho que van a investigar a fondo.

La Dirección ha tomado además la decisión de suspender provisionalmente la actividad de nuestro grupo hasta que todo se aclare. Se os devolverá la cuota de este mes de febrero y también la del mes de enero. Si necesitarais, por la razón que fuera, hablar con alguien de todo esto, no dudéis en llamarme. Creo que todos y todas tenéis mi número. La realidad en ocasiones supera la más dramática de nuestras ficciones, y como nuestros personajes, estamos obligadas y obligados a salir adelante, a superar los conflictos y los obstáculos que nos depara la vida, por duros que estos sean.

 

Un fuerte abrazo a todas y todos, y cuidaros mucho por favor.

Elena González >>

 

 

Esa noche fue larga, muy larga. A la mañana siguiente, de camino al trabajo, marqué su número desde el teléfono móvil.

-Hola Kerman -contestó Elena al otro lado.

-Hola. Perdona que te llame pero… necesitaba hablar.

-No te preocupes, esperaba vuestras llamadas -contestó Elena con tono entre abatido y cortante.

-¿Qué tal estás? –pregunté entonces.

-No lo sé Kerman… acaban de informarnos de que Ana no lo ha conseguido. Es terrible. ¿Y tú? Creo que no has llamado solo para saber que tal estoy –esta vez el tono de su voz no admitía dudas.

-Tienes razón Elena. No puedo dejar de pensar en lo que comentaste sobre que las circunstancias de las muertes no estaban claras, y además…

-Y además todos recordamos el trabajo que preparaste hace ahora 1 año. Era tu segunda propuesta, la hipótesis fantástica, y a todas y todos se nos quedó grabado… hasta hoy. Y sí, las circunstancias de las muertes no están claras. El coche de Ángel fue arrollado por un tren, pero la policía ha dicho que encontraron el freno de mano activado, y parece que no es habitual en ese tipo de situaciones. Ana por su parte era una mujer joven, que hacía deporte a diario, que acababa de pasar por el examen médico anual en la Mutua del trabajo sin ninguna incidencia, y un infarto no parece tampoco muy normal. Y Yolanda… tú conocías a Yolanda. Era una niña extraordinaria, alegre, optimista, fuerte… no pudo acabar ella misma con su vida. Es imposible.

-No pensarás que…

-No Kerman, no puedo pensarlo. Creo conocerte, aunque solo sea a través de tus textos, y de nuestro efímero encuentro en Madrid. Además, tú vives en Irun, Ángel vivía en Salamanca, Yolanda en Madrid y Ana en Santander, y todo ha ocurrido en tan solo 2 semanas. En cualquier caso ya sabes que la policía se ha llevado todo, también vuestras propuestas y, si hacen su trabajo, que lo harán, no tardarán en atar cabos.

-No sé qué pensar, parece un mal sueño.

-Por desgracia no lo es, y debemos afrontar la realidad. Tengo que dejarte Kerman. Intenta cuidarte –zanjó Elena a modo de despedida.

 

Las siguientes tres semanas pasaron rápidas, y una aparente normalidad volvió a conducir mi día a día. Aunque el taller había sido suspendido provisionalmente, varios de los participantes seguíamos en contacto a través de los correos electrónicos que habíamos intercambiado en la comida de fin de año el pasado mes noviembre. Había sido en Madrid, y era la primera vez en la que nueve de los componentes de nuestro grupo nos veíamos las caras después de doce meses de taller.

 

 

El recuerdo aún era reciente pues hacía tan solo cuatro meses desde aquello, pero la huella de lo ocurrido el pasado mes de febrero hacía que pareciera un suceso lejano. La comida en el restaurante del hotel Amayra se alargó para algunos, y la tarde transcurrió entre debates literarios y anécdotas personales que nos llevaron hasta una pequeña mesa en “Casa Lucio”, donde sus huevos rotos sirvieron de colofón a un día realmente especial. Yolanda, la espiritual adolescente del grupo, Diego, nuestro loco bandoleón argentino que parecía embrujado por Yolanda, Elena y yo, fuimos los últimos en retirarnos, no sin antes prometernos que aquello tendría continuación.

 

Era Domingo, 17 de marzo de 2013, cuando recibí aquella llamada de alerta.

-¿Bai, nor da? -Pregunté.

-Que gusto oírte loco. Supongo que preguntaste quién soy, y que ahora ya lo sabes –dijo Diego al otro lado.

-Como no amigo, ese acento te delata, y no trato con más argentinos a parte de ti.

-Escucha Kerman, no quiero perder ni un segundo en avisarte. Sabes que éramos tres los latinoamericanos del grupo, y digo éramos porque Fernando y Roberto ya no están acá.

-Quieres decir que se han marchado –dije no queriendo asumir lo que en realidad había entendido.

-No loco no, quiero decir que les han limpiado el forro, que les han matado, que ya van cinco, y que tengo miedo. No me fío de nadie y no me atrevo ni a salir a la calle.

-¡Esto es un locura, una puta locura!.. ¿Confías en mi Diego? Tú también lo recuerdas, ¿No es así?

-Sí amigo, lo recuerdo, pero aquello no significa nada. Cualquier boludo perturbado pudo leer tu trabajo y pensar que recrearlo sería divertido. Además, ¿Por qué crees que te he llamado a casa en lugar de al celular?

-Para comprobar que estoy en Irun y no en Buenos Aires.

-No te ofendas loco, pero mi confianza necesitaba un pequeño empujón.

-Lo entiendo.

-Cuídate mucho Kerman.

-Y tú Diego, y tú.

 

Los días siguientes pasaron despacio, muy despacio, esperando que de un momento a otro la policía se presentara en mi casa o en el trabajo, tratando de ordenar las ideas y ensayando lo que les diría llegado ese momento. Pero la verdad es que no conseguía convencerme ni a mí mismo.

 

Eran las dos y media de la tarde del viernes siguiente cuando recibí la llamada de Elena. Acababa de llegar del trabajo y me encontraba calentando la comida que había dejado preparada lo noche anterior. No tenía demasiadas ganas de comer, había sido una jornada de trabajo estresante y, como ya era norma, el nudo en la boca del estómago me cambiaba el ánimo y el apetito.  

-¡Kerman, soy yo Elena! –la voz de Elena sonó angustiosa.

-Hola Elena, que ocurre –contesté con un tono que a mí mismo me sonó áspero. Empezaba a cansarme de no recibir más que malas noticias.

-Kerman, es terrible –dijo un segundo antes de comenzar a llorar.

-Tranquilízate Elena por favor… y cuéntame –respondí no muy convencido de si quería oír lo que tenía que decirme.

-Tengo miedo Kerman, mucho miedo. Fernando, Roberto y Diego han muerto.

El silencio se adueño de la situación durante cinco largos segundos.

-¡No puede ser! –exclamé por fin.

-Lo siento Kerman, pero me temo que sí. Fernando y Roberto iban a pasar el fin de semana en Buenos Aires. Diego les había invitado a su casa y viajaban juntos en el todoterreno de Fernando. Encontraron el coche, o mejor dicho, sus restos en el fondo de un acantilado. En cuanto a Diego, hubo un incendio en su domicilio… murió calcinado. Acabo de enterarme.

-Sabía lo de Fernando y Roberto, pero Diego… ¡Hablé con él este pasado Domingo Elena! Estaba muy asustado.

-¿Hablaste con él? ¿Te contó algo más?

-No.

-Kerman, mañana mismo voy a Irun, necesito que hablemos… y en estas circunstancias no soporto estar sola.

La conmoción aún no había desaparecido, pero me sorprendí. No la conocía mucho, pero la tenía por una mujer fuerte y con una activa vida social, amén de ser hija de sus padres quienes, como me había dicho en Madrid, lo eran todo para ella. No esperaba que una mujer como ella necesitara recurrir a mí.

-¿Cuándo llegarás? –pregunté tras un largo silencio.

-A las doce del mediodía llegaré a la estación de autobuses.

-Iré a recogerte.

-No Kerman, no salgas de casa por favor. Los dos juntos seríamos un blanco fácil. Tengo tu dirección, así que iré yo directamente.

 

 

Lo de blanco fácil me sonó a película policiaca y me di cuenta de que, hasta ese momento, no había tenido la percepción de estar en peligro. Yo era el autor de aquel relato, yo era el sospechoso, o lo sería en cuanto la policía atase cabos, y aquello parecía incompatible con acabar siendo una víctima más.

 

Eran las once y media de la mañana cuando volvía a casa después del abastecimiento semanal en el supermercado que había a 5 minutos. Me encontré a Elena sentada en las escaleras que daban al portal del edificio de 10 plantas. La visión me resultó muy extraña, como si su sitio estuviera al otro lado de la pantalla de mi ordenador, o en el paréntesis temporal de aquel fin de semana en Madrid, pero en ningún caso en mi ciudad, en mi casa, en mi vida… real.

-Hola Kerman –dijo mirándome con sus verdes e inquietas pupilas.

-Hola Elena. Has llegado antes de tiempo.

-Lo siento, si quieres puedo esperar…

-No, no, no quería decir eso –corregí torpemente–, me refiero a que has llegado con adelanto. Pero no pasa nada, bienvenida –y aquella frase me sonó estúpida.

Entramos en el portal y subimos en silencio al ascensor que nos llevó hasta la novena planta en la que se encontraba mi piso.

-¿Quieres tomar algo? –le dije mientras nos quitábamos los abrigos.

-Una tónica, o si no agua.

-Tendrá que ser agua, lo siento. Solo tengo cervezas en el frigorífico.

-Una cerveza a medias estará bien.

Me sorprendí pensando que estaba preciosa, más de lo que recordaba de mi estancia en Madrid, y me ruboricé convencido de que lo había leído en mis ojos. Me perdí en la cocina con el pulso aún agitado, dispuesto a preparar dos cervezas. El contestador automático que tenía en una de los extremos de la encimera marcaba un mensaje no leído.

-Toma –le dije de vuelta al salón, acercándole una de las dos cervezas y sentándome a su lado en el sofá.

-¿Pretendes emborracharme? –dijo con una inocencia que no lo era.

-Pues la verdad es que las cosas están como para abstraerse de la realidad –dije con mi habitual oportunismo en situaciones de similar naturaleza… y la magia se esfumó. Ella también pareció contrariada por un instante, pero enseguida se rehízo y comenzamos a hablar de todo lo sucedido.

-¿Qué vamos a hacer Kerman? Nos están cazando como a ratas –dijo al fin.

-¿Porqué te has arriesgado a venir aquí, sin saber si yo puedo ser el asesino? –contesté sin pensarlo.

-¡Kerman por favor! Te conozco. Más de lo que tú crees. Tú no serías capaz… y no quiero que te ocurra nada, por eso estoy aquí –dijo poniendo su mano en mi cara.

-Pero te has puesto en peligro –susurré justo antes de sentir sus labios en los míos.

Nos miramos sin decir nada durante unos segundos hasta que acerté a decir algo.

-Estoy descolocado Elena ¿Y tu pareja, lo habéis dejado? ¿Sabes lo que haces?

-¿Lo que hago? Suena como si de un crimen se tratase –dijo de nuevo contrariada, mientras se bebía lo que le quedaba de cerveza de un solo trago.

-Perdona -me limité a responder.

-Estoy soltera Ander, pero no sabía que tuviera que anunciarlo. Aceptaré otra cerveza por favor –masculló mientras la magia se esfumaba definitivamente.

Me dirigí nuevamente a la cocina y una vez allí me quedé un instante apoyado en la encimera, inmóvil, pensando. Aquello era realmente extraño, rocambolesco más bien. Una mujer supuestamente aterrada, con la que tan solo había estado una vez en Madrid durante un solo día, cruzaba media península para encontrarse con la persona con más boletos de ser un asesino en serie, pero que decía conocer bien. Y por si eso no fuera ya de por sí inverosímil, resulta que parecía estar dispuesta a… no sé bien qué.

Había decidido dejarme llevar por la situación cuando volví a ver aquel mensaje no leído en el contestador. Esta vez pulse para escucharlo.

<< Kerman amigo, no te lo vas a creer, pero la he visto. ¡La he visto tras de mi hoy! Llevaba ya dos días sintiendo que me seguían, y hoy decidí meterme en una cafetería y quedarme observando tras unas cortinas. Estuve casi una hora observando… y allá la vi loco, me parecía increíble, pero era ella, Elena. No hay duda Kerman, estaba escondida tras la columna de una sucursal bancaria, y asomaba la cabeza de vez en cuando mirando hacia la cafetería. ¡Es la asesina Kerman, y viene tras de mí, viene tras de mí! He conseguido llegar a casa y he llamado a mis hermanos para que venga de inmediato, cuando vengan llamaré a la policía. Te dejo loco, llaman a la puerta, serán mis hermanos. Cuídate por favor, cuídate mucho. >>

 

Sentí su presencia a mi espalda y supe que había estado escuchando todo el tiempo. La pistola apuntaba a mi cabeza y sus fríos ojos a los míos. Se acercó un paso más hacia mí y esperé el disparo con la mente en blanco y el terror congelando mi cuerpo. Se supone que en ese tipo de situaciones mil recuerdos de la vida pasan frente a tus ojos, pero yo no era capaz de pensar en nada. Ni mis padres, ni mi hermano, ni mis amigos vinieron en mi ayuda con recuerdos grabados en mi subconsciente. Solo esperaba la muerte. Sin embargo comenzó a hablar.

-Eres un auténtico estúpido. ¿De verdad crees que yo podría querer algo con un insecto como tú?

-¿Por qué lo haces? –acerté a decir sin saber muy bien de donde salió la voz.

-¿Qué por qué lo hago? Porque estoy harta de pobres mediocres como tú y la mayoría de tus compañeros. Porque ensuciáis el oficio de escritor con vuestra falta de talento, con vuestro exceso de ego y vuestras ansias de éxito. Porque no quiero malgastar ni un día más de mi vida con aspirantes a todo que no saben nada, ni lo sabrán.

-Por favor…

-Por favor, por favor. Acabar con un fraude como tú es el mejor favor que le puedo hacer yo al mundo literario. ¿Creíste que con aquella propuesta de trabajo habías hecho algo especial? ¿Creíste que amenazarnos a todos de muerte era la mejor manera de llamar la atención? Hazme tú ahora a mí el favor de morir al menos con algo de dignidad, la que no demuestras escribiendo.

Los destellos brillantes del filo saliendo del porta-cuchillos que había sobre la encimera sacaron de su éxtasis dramático a Elena que vio como mi brazo armado se abalanzaba sobre ella. El sonido atronador del disparo se mezcló con el susurro metálico del cuchillo hundiéndose en su garganta. La bala atravesó mi cabeza y, esta vez sí, mi vida pasó clara y completa frente a mis ojos. Una gran novela, real como la vida misma. Mi mejor propuesta.

 

EPILOGO

Raúl pulsó la tecla “guardar” de su ordenador. Kerman y Elena, junto con el resto de personajes secundarios del relato, quedaron grabados en la memoria portátil insertada en la computadora. Eran más de las 4 de la mañana del domingo 13 de febrero de 2013, estaba cansado, pero se sentía satisfecho por el trabajo ya acabado. Ahora dormiría y mañana se dedicaría a revisar a fondo la propuesta de la hipótesis fantástica antes de enviársela a su coordinadora del taller. Su única preocupación era la relativa al retraso en el envío, que debía haberlo realizado el día 10 a más tardar, y la extensión de la propuesta, que había excedido con mucho de los tres folios que creía haber leído que aconsejaban no rebasar. Además faltaba algo. Pensó en ello unos minutos y finalmente lo supo. Comenzó a escribir.

 

<< NOTA PREVIA

Espero que, bajo ningún concepto, a nadie se le ocurra hacerme la faena de estirar la pata por causas naturales o de otra índole durante los próximos meses, incluso años. Independientemente del mayor o menor afecto…>>

 

Ahora sí, la propuesta estaba acabada pero… quedaba aún mucho por hacer.